
(de eldígoras, relato muerte-nacimiento, en aürt del 83),
como final principio de un todo, con un orificio en una piel delicada del alma o del universo más aproximado, pero distante o desconocido (aparentemente), pero que en sueños azul pálido (no turquesa ahora) renace, languidece y cede a las presiones de la densa realidad. Densidades en encimeras de sueño con locuaces lucideces que enseñan, ensanchan, enganchan y soportan luces entre demasiadas sombras ausentes (o presentes).
Al salir nunca apagamos la luz. Es obvio...
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